miércoles, 30 de mayo de 2012
Sobre el caso Krahe
Me es incomprensible que una Iglesia que lleva siglos hablando de comer el cuerpo y beber la sangre, se escandalice de que alguien proponga cocinarlos. Quizá tanto comer carne y beber sangre a alguien le resulte duro (a los apostóles les pareció, según el evangelio de S. Juan), y aplauda la iniciativa de este señor.
miércoles, 25 de abril de 2012
martes, 24 de abril de 2012
SIMPLEZA
SIMPLEZA
Cansado de leer a famosos economistas que se contradicen sin atinar con la solución de la CRISIS, harto de perderme en sus lenguajes, a veces claros a veces crípticos, y convencido de que las ciencias económicas y las teológicas son similares y tienen de ciencias un cero por ciento, sin ser economista, me atrevo a formular una simpleza.
Esta mañana se me ha ocurrido algo que solucionaría la crisis tan llevada y traída. Como tantas personalidades famosas e inteligentes no han descubierto aún esta solución, estimo que soy un simple idiota al formular lo que sigue. Pero nadie me puede impedir que haga pública mi simpleza que no hará daño y, a lo más, solucionará la CRISIS en la misma medida que las propuestas de los sesudos economistas, a saber: nada
Desde mi abuela a mis actuales amigos no me tienen por tal, a saber: un simple idiota, sino por un bípedo adornado de cierta inteligencia en grado, según ellos, superior a la media. Por esto, paso a comunicar mi hallazgo, con el ruego de que alguien, más inteligente u observador, me descubra el fallo del razonamiento.
Como decía, esta mañana he caído en la cuenta de que los comercios están sobradamente abastecidos y de que en el sector inmobiliario abundan las viviendas sin comprar. Alguien estará pensando: eso lo constata hasta el más estúpido. Y lleva toda la razón. Pero de ello se sigue que no es necesario producir más; y de esto, a su vez, que no es necesario que todo el mundo trabaje, y que por lo tanto el paro es necesario, inevitable y…bueno, mientras que el pleno empleo nos llevaría a un derroche de materias primas y energías y, en consecuencia sería innecesario y… malo, por lo debe ser evitado.
No hace falta que más gente trabaje para producir más. Lo necesario y urgente es que cada familia tenga ingresos para consumir y que la economía se active.
Por todo esto, a cada familia se le debe asignar un salario social congruo, y el trabajo se repartiría en turnos obligatorios bajo la pena de que quien se negara a realizarlo perdería lo dichos ingresos.
Esto es, a grandes rasgos y básicamente, mi aportación que ofrezco, modestia aparte, a los líderes mundiales por si fuera de provecho, y una simpleza de tal calibre solucionara el gran problema que nos aqueja.
domingo, 8 de abril de 2012
Al hilo de la Semana Santa
Aderezaron sus costosísimos muñecos, y algunos lloraban por no poder lucirse con ellos en la calle, ya que la benfactora lluvia hacía acto de presencia.
Hoy, domingo, he sentido pena por el anciano que no puede recibir la bendición papal. Si en vez de decir: Bencicat vos, dijera: Benedicat nos, él tambien seria bencecido. Pero la soberbia de "bendecidor" le ciega y sale perdiendo.
Hoy, domingo, he sentido pena por el anciano que no puede recibir la bendición papal. Si en vez de decir: Bencicat vos, dijera: Benedicat nos, él tambien seria bencecido. Pero la soberbia de "bendecidor" le ciega y sale perdiendo.
sábado, 17 de marzo de 2012
Los obispos animan a ser cura
Nací en 1941, y a los 11 años entré en el seminario para ser cura. Con no más de un lustro ya lo tenía decidido, dando un plante a un tio carnal que me propuso casarme con su hija Mary. Yo voy a ser cura, le repuse con toda seriedad.La razón de tan temprana decisión fue que tendría un trabajo seguro y para siempre. No quería que me ocurriese como a un paseante de mi pueblo que con la carreara de maestro estaba sin oficio ni beneficio. Con pena constato que los obispos españoles después de más de sesenta años piensan como aquel niño de 6. ¡Pobre iglesia gobernada por semejante tropa!
domingo, 25 de diciembre de 2011
Añadido a "SOBRE LA NAVIDAD" despues de oir al Papa
El cristianismo, desde el principio, ha sido un movimiento que se dedicó a apropiarse de mitos y a hacerlos dogmas o verdades absolutas. Nacimientos virginales anunciados por algún ser celeste y semidioses que mueren y resucitan se encuentran en repetidos mitos de cualquier edad y latitud.
Sin embargo, cuando el cristianismo se adueña de uno de ellos, lo absolutiza como único verdadero, y condena a todos los demás como cuentecillos falsos o creaciones del demonio. Por ello solo hay una única y verdadera virgen madre: María, y un único hombre-dios que muere y resucita, y nos salva: Cristo.
En estos días los cristianos recordamos el nacimiento virginal de Jesús, fruto de una no menos virginal concepción: hechos a todas luces superfluos en una historia seria de la salvación a no ser que a dios le agrade tirarse faroles.
Pero la fecha escogida no fue al azar. Nadie sabe cuando nació Jesús de Nazaret, y lo más probable es que no fuera en lo más crudo del invierno. Pero como en el solsticio de invierno se celebraba el “dies natalis solis invicti” o dicho en román paladino, “el día natal del sol invicto”, al cristianismo le vino de perlas cristianizar la fiesta pagana con la natividad del verdadero sol que alumbra a un mundo hasta entonces en tinieblas: Jesucristo.
Lo curioso es que se sustituye un mito verdad por una fe mítica. La fiesta pagana celebraba que un sol en declive y mortecino renacía, y día en día se vigorizaba de modo que resultaba invicto. Hoy, todavía, en pleno siglo XXI, se mantiene la verdad fundamental. Si bien es verdad que nuestra estrella es de magnitud pequeña ; se encuentra sola en una orilla de la Vía Láctea; pudiera algún día desaparecer en una colisión de galaxias; y con seguridad desaparecerá dentro de cinco mil y pico millones de años al agotar el combustible, hasta la presente continúa invicta después de otros tantos millones de años. Este verdad básica fue sustituida por el mito de una concepción y un nacimiento virginales: mitos donde los haya y difíciles de aceptar por una mentalidad mínimamente racional.
Pero la solución irracional la da el Papa en la misa del gallo al decir: "Si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón 'ilustrada'. Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir su proximidad. Hemos de seguir el camino de San Francisco, que es la extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver". Este señor tiene el descaro de llamarnos a la irracionalidad para aceptar sus “verdades” irracionales, y desde la riqueza y el boato de sus vistiduras y de la basílica de S. Pedro, a renunciar a la obsesión de "por lo que es material, mensurable y tangible". Ahí queda eso.
Sin embargo, cuando el cristianismo se adueña de uno de ellos, lo absolutiza como único verdadero, y condena a todos los demás como cuentecillos falsos o creaciones del demonio. Por ello solo hay una única y verdadera virgen madre: María, y un único hombre-dios que muere y resucita, y nos salva: Cristo.
En estos días los cristianos recordamos el nacimiento virginal de Jesús, fruto de una no menos virginal concepción: hechos a todas luces superfluos en una historia seria de la salvación a no ser que a dios le agrade tirarse faroles.
Pero la fecha escogida no fue al azar. Nadie sabe cuando nació Jesús de Nazaret, y lo más probable es que no fuera en lo más crudo del invierno. Pero como en el solsticio de invierno se celebraba el “dies natalis solis invicti” o dicho en román paladino, “el día natal del sol invicto”, al cristianismo le vino de perlas cristianizar la fiesta pagana con la natividad del verdadero sol que alumbra a un mundo hasta entonces en tinieblas: Jesucristo.
Lo curioso es que se sustituye un mito verdad por una fe mítica. La fiesta pagana celebraba que un sol en declive y mortecino renacía, y día en día se vigorizaba de modo que resultaba invicto. Hoy, todavía, en pleno siglo XXI, se mantiene la verdad fundamental. Si bien es verdad que nuestra estrella es de magnitud pequeña ; se encuentra sola en una orilla de la Vía Láctea; pudiera algún día desaparecer en una colisión de galaxias; y con seguridad desaparecerá dentro de cinco mil y pico millones de años al agotar el combustible, hasta la presente continúa invicta después de otros tantos millones de años. Este verdad básica fue sustituida por el mito de una concepción y un nacimiento virginales: mitos donde los haya y difíciles de aceptar por una mentalidad mínimamente racional.
Pero la solución irracional la da el Papa en la misa del gallo al decir: "Si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón 'ilustrada'. Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir su proximidad. Hemos de seguir el camino de San Francisco, que es la extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver". Este señor tiene el descaro de llamarnos a la irracionalidad para aceptar sus “verdades” irracionales, y desde la riqueza y el boato de sus vistiduras y de la basílica de S. Pedro, a renunciar a la obsesión de "por lo que es material, mensurable y tangible". Ahí queda eso.
jueves, 22 de diciembre de 2011
SOBRE LA NAVIDAD
El cristianismo, desde el principio, ha sido un movimiento que se dedicó a apropiarse de mitos y a hacerlos dogmas o verdades absolutas. Nacimientos virginales anunciados por algún ser celeste y semidioses que mueren y resucitan se encuentran en repetidos mitos de cualquier edad y latitud.
Sin embargo, cuando el cristianismo se adueña de uno de ellos, lo absolutiza como único verdadero, y condena a todos los demás como cuentecillos falsos o creaciones del demonio. Por ello solo hay una única y verdadera virgen madre: María, y un único hombre-dios que muere y resucita, y nos salva: Cristo.
En estos días los cristianos recordamos el nacimiento virginal de Jesús, fruto de una no menos virginal concepción: hechos a todas luces superfluos en una historia seria de la salvación.
Pero la fecha escogida no fue al azar. Nadie sabe cuando nació Jesús de Nazaret, y lo más probable es que no fuera en lo más crudo del invierno. Pero como en el solsticio de invierno se celebraba el “dies natalis solis invicti” o dicho en román paladino, “el día natal del sol invicto”, al cristianismo le vino de perlas cristianizar la fiesta pagana con la natividad del verdadero sol que alumbra a un mundo hasta entonces en tinieblas: Jesucristo.
Lo curioso es que se sustituye un mito verdad por una fe mítica. La fiesta pagana celebraba que un sol en declive y mortecino renacía, y día en día se vigorizaba de modo que resultaba invicto. Hoy, en siglo XXI, se mantiene la verdad fundamental. Si bien es verdad que nuestra estrella es de magnitud pequeña ; se encuentra sola en una orilla de la Vía Láctea; pudiera algún día desaparecer en una colisión de galaxias; y con seguridad desaparecerá dentro de cinco mil y pico millones de años al agotar el combustible, hasta la presente continúa invicta después de otros tantos millones de años. Este verdad básica fue sustituida por el mito de una concepción y un nacimiento virginales: mitos donde los haya y difíciles de aceptar por una mentalidad mínimamente racional.
Sin embargo, cuando el cristianismo se adueña de uno de ellos, lo absolutiza como único verdadero, y condena a todos los demás como cuentecillos falsos o creaciones del demonio. Por ello solo hay una única y verdadera virgen madre: María, y un único hombre-dios que muere y resucita, y nos salva: Cristo.
En estos días los cristianos recordamos el nacimiento virginal de Jesús, fruto de una no menos virginal concepción: hechos a todas luces superfluos en una historia seria de la salvación.
Pero la fecha escogida no fue al azar. Nadie sabe cuando nació Jesús de Nazaret, y lo más probable es que no fuera en lo más crudo del invierno. Pero como en el solsticio de invierno se celebraba el “dies natalis solis invicti” o dicho en román paladino, “el día natal del sol invicto”, al cristianismo le vino de perlas cristianizar la fiesta pagana con la natividad del verdadero sol que alumbra a un mundo hasta entonces en tinieblas: Jesucristo.
Lo curioso es que se sustituye un mito verdad por una fe mítica. La fiesta pagana celebraba que un sol en declive y mortecino renacía, y día en día se vigorizaba de modo que resultaba invicto. Hoy, en siglo XXI, se mantiene la verdad fundamental. Si bien es verdad que nuestra estrella es de magnitud pequeña ; se encuentra sola en una orilla de la Vía Láctea; pudiera algún día desaparecer en una colisión de galaxias; y con seguridad desaparecerá dentro de cinco mil y pico millones de años al agotar el combustible, hasta la presente continúa invicta después de otros tantos millones de años. Este verdad básica fue sustituida por el mito de una concepción y un nacimiento virginales: mitos donde los haya y difíciles de aceptar por una mentalidad mínimamente racional.
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